Los lunes por la noche duermo mal. Tengo sueños agitados y el
martes suele por ello, ser un día regular. El culpable de que esto sea así son
el Gobierno de España y de la Comunidad de Madrid y las personas del
Ayuntamiento que en los últimos dos años han decidido rebajar salvajemente la
partida presupuestaria relativa a asuntos sociales. Que unos hij... de
p... anden tranquilamente decidiendo cosas que me afectan profundamente me
molesta y me agita. (Tengo que aclarar, que he intentado y prometo que he
puesto todos mis esfuerzo en ello, escribir este artículo sin proferir
insultos, pero no he podido, siempre que hablo de los cambios sociales que
están ocurriendo en mi país se enciende una llama en mí, la próxima vez intentaré mejorar, no arder tan rápido)
Porque
el retroceso social que nos están haciendo vivir ha dejado de ser palabra y papel para
convertirse en caras y en nombres propios. Y yo lo constato en su forma más
dramática en esas salidas nocturnas de los lunes, dónde compruebo empíricamente como
las decisiones de un grupo de personas afecta de la peor manera posible a la
vida y a la dignidad de otras.
Esta
agitación de la que hablo tiene su máximo apogeo los lunes a las doce
de la noche, hora en la que vuelvo a casa después de compartir algunos
momentos con personas que se ven obligadas a dormir en la calle y con el resto
de mis compañeros voluntarios. Y menos mal que el trayecto en metro es corto,
porque es tal la retahíla de pensamientos y emociones que se me acumulan
durante él, que si durara tan sólo unos minutos más me daría un ataque de
ansiedad ahí mismo. Si viviera en un mundo dónde la justicia fuera justa y
perdón por la redundancia, prometo que denunciaría al gobierno de España en su
conjunto por causarme tal desazón, como no puedo, al menos como diría el poeta
Blas de Otero, "Me queda la palabra"
Y
es que también parecían sólo palabras y en algún momento no fueron más que eso,
los anuncios semanales a los que nos acostumbró la portavoz del gobierno, (de la
que también podría hablar mal pero para que manchar este blog de esa manera),tan
sólo palabras fueron, y sin embargo los nefastos efectos de lo prometido hace
un año ya están aquí.
De
esta manera, conocemos sin quererlo a A. que vio interrumpida su recuperación
del alcoholismo, porque el programa en el que estaba de la ONG Proyecto
Hombre, tuvo que cerrar al dejar de recibir la subvención que la sostenía. “Estaba muy contenta e integrada allí, trabajaba en la
cocina y me sentía mejor, pero de pronto un día vino el director llorando
diciéndonos que tenían que cerrar el proyecto por falta de subvención y nos
teníamos que ir”. A. está viviendo en
una tienda de campaña ahora en un parque con su pareja, después de que la campaña
de invierno para personas sin hogar tocara a su fin y cerrara el albergue en el que
dormía, el cual estará si usar hasta el invierno que viene…
A.
es joven y está muy bien físicamente, pero una vez tuvo un problema y cayó en
el alcoholismo. El alcoholismo es una enfermedad. La gente que es alcohólica
necesita ayuda, y como en cualquier enfermedad algunas personas se curan y otras
no, pero al alcohólico se le añade un estigma social que requiere un
fortalecimiento en su proceso de reinserción muy concreto, esta atención
especializada está dejando de existir con los recorte sociales, como tantas otras cosas que nos pasan desapercibidas.
A.
está esperando que el CAD (Centro de Atención
a drogodependientes), le busque un recurso para poder albergarse en un
piso. Pero debido a los recortes, hay lista de espera para poder ser
beneficiario de uno de estos pisos. También hay lista de espera para tener una
cama en un albergue, y lista de espera para obtener la tarjeta de día que da derecho a
comer allí. Y sin embargo, la Comunidad de Madrid cerró 3 CAD
haceseis meses considerando que no era necesarios, bajo no sé muy bien
qué criterio subjetivo.
Tan
solo unos momentos después de conocer la historia de A., conversábamos con otras
dos personas que nos comentaban que hasta hacía pocos meses había estado
haciendo talleres ocupacionales en la ONG RAIS, que había dejado de recibir la subvención que les permitía continuar con esa actividad. La historia se repetía, el
responsable, trabajador social que llega y muy afectado se ve en la obligación
de decir a los beneficiarios con los que lleva meses o incluso años trabajando, que tienen que cerrar el proyecto (de lo que sentimos los trabajadores del ámbito social
cuando nos apartan por falta de subvención de los proyectos en los que llevamos
trabajando años, escribiré en otro artículo, pues ese es otro “drama
escondido").
Largas
esperas para que el SAMUR SOCIAL llegue porque no dan abasto atendiendo en la
zona, y albergues que reciben menos comida y de peor calidad, son cosas que he comprobado y conocido. Las personas que se van a la calle porque el recurso social que les
amparaba ha dejado de recibir subvención en el último año, son una realidad, y
son muchas y en aumento. Los daños de esta
debacle social son paliados en su mayoría y a duras penas por voluntarios (ha
aumentado en un 20% el número de solidarios desde que
empezó la crisis) y trabajadores comprometidos, muchos de los cuales no tienen
trabajo, lo acaban de perder, o viven con el temor de que esto ocurra en cualquier momento. Me pregunto cuánto
podremos resistir las personas que amamos este sector, y cúanto se mantendrá el entusiasmo por ayudar, cuando nosotros mismos estamos casi
pisando el otro lado de la línea.
Pero
si resisto con la palabra...
Sobre mi voluntariado con personas sin hogar he escrito más AQUÍ
* Todos los artículos de este blog, recogen mis experiencias personales y mi manera de interpretar aquello que vivo, la cual no tiene porque coincidir con la del resto de personas que me lean. No pretendo ofender a nadie, esto es sólo el reflejo, de una forma de sentir.
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