Me es muy difícil escribir
sobre mi trabajo con los niños porque siempre que lo intento siento que no soy
capaz de reflejar lo que me apasiona esta actividad. Aunque soy consciente de
que la tengo altamente idealizada, como todo lo que me gusta, no me importa, como
“personalidad idealista” me va bastante bien en la vida y no veo la necesidad
de cambiar en este aspecto.
Hace poco, saliendo precisamente de una de las clases de teatro que doy,
me sobrevino el pensamiento de que si fuera posible capturar la esencia de mi
misma y encerrarla en algún lugar, una vez descartado todo lo demás, quedarían
sólo dos cosas: La introspección, y mi amor por los niños con los que trabajo. Básicamente soy eso y no hay ninguna
arista ahí que pulir, no sé si me explico, quiero decir que si tuviera la certeza de para que vine esta vez
al mundo, la respuesta sería: para experimentar el animal que soy, y para tener
la oportunidad de trabajar con niños. Podré equivocarme y arrepentirme de todo
lo demás que acontece en mi vida, pero en estos dos puntos no hay error alguno.
Muy cerca de esta sensación, se encuentra también la de acercarme a realidades sociales
paupérrimas y el soñar con transformarlas. Pero advierto moviéndome en ellas que todavía hay
demasiada aflicción, a menos que se trate de niños, estar cerca de los
cuales, sea en las circunstancias sociales que sean, siempre me produce alegría.
Si escribiera un libro sobre mi experiencia con ellos, dedicaría un capítulo a la educación en el amor y la compasión. Me importa un pimiento si la bondad o la maldad forman parte de nuestra naturaleza humana, esta es una discusión que no terminará nunca. Yo lo único que sé es que hace varios meses, mientras desarrollaba la clase de teatro, uno de los niños se cayó al suelo de una manera ridícula. Como era de esperar, ésto hizo estallar instintivamente la risa de sus compañeros, sólo tienen seis años y que se resbalen o no controlen cien por cien el espacio es habitua a esa edadl. Lo que no se dieron cuenta es que su compañero se había hecho daño de verdad y estaba llorando. Tuve que interrumpir la clase y ponerlos en círculo para explicarles muy seria que cuando alguien se caía, lo primero que debíamos hacer era acercarnos a ver si esa persona se encontraba bien, porque por muy graciosa que nos hubiera parecido la caída, podía ser que la otra persona se hubiera hecho mucho daño, y eso no era divertido. Les expliqué que la risa era un impulso natural y no tenían que ocultarla, pero que la risa también podía herir y hacer sentirse mal a alguien en esa situación. Les dije que cerraran los ojos y recordaran como se sentían cuando se caían al suelo. Todos me contestaron que muy mal y empezaron a contar un montón de anécdotas a la vez que mostraban las cicatrices de sus recientes caídas.
Desde ese momento, no ha habido ni una sola vez en el que un compañero se haya hecho daño y todos los niños que lo han visto no hayan ido corriendo a preguntarle si estaba bien. Tanto es así que llegados a este punto, puedo confesar que ellos están mucho más pendientes del dolor de sus compañeros que yo misma que no le doy importancia a la mayoría de sus tropiezos. Muchas veces después de preguntar a su amigo“¿te has hecho daño?” me miran para que les dé mi aprobación. “Muy bien Yassine, lo primero que has hecho es preguntar si se ha hecho daño el compañero, eso está muy bien”
Pero lo que más me conmovió de toda esta historia, fue un día en el que jugando en el gimnasio con ellos, me di un fuerte golpe en la rodilla contra uno de los bancos de madera( la veces os adultos tampoco controlamos el espacio ;) entonces varios niños se acercaron a mí y poniéndome la mano en el hombro me preguntaron: “¿estás bien profe, te has hecho daño?” Y entonces sentí que la vida era una cosa bonita y vivirla un juego de niños.
"Sólo el sentimiento de responsabilidad total para con toda la humanidad, que es amor, puede transformar las bases del actual estado de la sociedad"
J.Krisnhnamurti
Sobre clases de teatro a niños, he hablado más AQUÍ
* Todos los artículos de este blog, recogen mis experiencias personales y mi manera de interpretar aquello que vivo, la cual no tiene porque coincidir con la del resto de personas que lean mis palabras. No pretendo ofender a nadie, esto es sólo el reflejo, de una forma de sentir.